Descripción
“Y Jesús, movido a compasión, extendió la mano y lo tocó, y le dijo: ‘Quiero, sé limpio.’ Y al instante la lepra se fue de él, y quedó limpio.”
— Marcos 1:41-42
Esta imagen captura uno de los momentos más íntimos y revolucionarios del ministerio de Jesús:
el momento en que toca a un leproso, algo impensable en Su época.
En tiempos bíblicos, los leprosos eran los más marginados de la sociedad. Obligados a vivir aislados,
a gritar “¡Impuro!” cuando alguien se acercaba, condenados a una vida sin contacto humano, sin abrazos, sin amor físico.
Pero Jesús no solo sanó con palabras. Extendió Su mano y tocó lo “intocable”.
Esta imagen es para ti.
Porque te recuerda que:
Él no teme tu dolor – Mientras otros se alejan, Él se acerca. Tus heridas no Lo asustan; Él las conoce íntimamente.
Su toque restaura más que el cuerpo – Aquel leproso no solo fue sanado físicamente; recuperó su dignidad, su lugar en la comunidad,
su humanidad. Cuando Jesús te toca, restaura todo lo que la vida te quitó.
Eres visto, no evitado – En una cultura que gritaba “¡Aléjate!”, Jesús susurraba “Acércate”. Él ve más allá de tus cicatrices; ve tu corazón, tu valor, tu belleza.
No hay herida demasiado profunda – Si Él tocó la lepra, la enfermedad más temida de Su tiempo, puede tocar cualquier área de tu vida que sientas quebrantada, sucia o irrecuperable.



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